En 1988, logró su inscripción ante UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, lo que, en palabras de Don Isauro Rionda (2010), permitió a Guanajuato “gozar del prestigio de ser parte de una de las ciudades más importantes del país”.
Finalmente, todo este conjunto de valores ha permitido que en los últimos años se detoné una nueva vocación económica para la ciudad: el turismo.
En estos momentos, nos encontramos ante la disyuntiva de perpetuar el modelo de crecimiento urbano de una ciudad que apuesta por expandir la mancha urbana y privilegiar la política de atracción de turistas al centro histórico, o repensar el modelo de ciudad que buscamos a futuro.
¿Debemos buscar alternativas para hacer atractiva la ciudad para el turista o pensar en un diseño que sea atractivo para los que habitamos aquí?
Para mí estas son las preguntas más pertinentes que nos deberíamos estar haciendo.
Más que identificar las zonas hacia dónde debe desarrollarse la ciudad, deberíamos de preguntarnos ¿cómo deseamos vivir en el futuro?
La gentrificación, la violencia, los retos climáticos, la pobreza, son fenómenos complejos que no se solucionarán si mantenemos la misma lógica que nos trajo hasta aquí.
Es así que aparece esta tendencia de redensificación como una alternativa que materializa el concepto de desarrollo sostenible en la planificación del modelo de ciudad.
Haciendo una síntesis del diseño urbano con los Derechos Humanos de 3ra generación, es que se incorporan componentes como el Derecho a la Movilidad, el Derecho a una vida Libre de Violencia, el Derecho de las Infancias y muy importante el Derecho a la Ciudad.
Y así han surgido respuestas en diferentes lugares del mundo como el modelo de Ciudad de 15 minutos, las Ciudades Esponja, las Ciudades Creativas, Ciudades Suaves, etc. Filosofías que comparten la necesidad de diseñar un proyecto poniendo al centro al sujeto, la persona que habita la ciudad.
Trasladar esa visión de diseño a las ciudades nos orienta a apostar por la HABITABILIDAD y transformar nuestras urbanizaciones para dejar de poner como objetivo la infraestructura, productividad, atracción de inversión. la creación de empleos o el desarrollo inmobiliario y buscar un nuevo equilibrio entre las agendas políticas, económicas y socio – culturales.
Esto requiere pensar en una ciudad donde la política central sea la integración de la comunidad y una vida urbana dinámica y vibrante a través de espacios públicos atractivos y centrados en la experiencia del usuario.
Es decir, pasar de un modelo de ciudad 3D: Distante, Dispersa y Desconectada; a un modelo 3C: una ciudad Compacta, Conectada y Completa.
Más que crecer, debemos compactar, aprovechar, diversificar y conectar mejor.
Pensar no solo en mitigar los impactos del crecimiento, sino en recuperar y regenerar para las nuevas generaciones
Necesitamos transformar la ciudad para que ésta nos transforme.
Actualmente medimos el éxito de nuestra ciudad en términos de número de turistas que entran y el crecimiento en el número de habitaciones. Sería posible buscar nuevas miradas más holísticas y balanceadas.
Evaluar lo que los habitantes consideran importante como la prosperidad urbana, calidad de vida, desarrollo humano, felicidad.
Como refiere Richard Rogers, ganador del premio Pritzker 2007, “las características de una ciudad sostenible son: una ciudad justa, una ciudad bella, una ciudad creativa, una ciudad ecológica, una ciudad que favorezca el contacto, una ciudad compacta y policéntrica y una ciudad diversa”.
Una ciudad compacta está mejor conectada, reduce el costo de los servicios, aumenta la interacción social porque promueve más áreas para la recreación y la vida cultural, deportiva y social, lo que enriquece la experiencia de vida de las personas a través del poder de los encuentros.
Afortunadamente las ciudades son moldeables. Crear una ciudad para el mañana donde se le facilite a la gente poderse mover, crear redes entre vecinos, diseñar espacios para todos donde convivan personas con diferentes contextos, reducir las emisiones contaminantes, mejorar la calidad de vida mediante nuevas tecnologías. En el presente puede parecer una utopía, pero, de lo contrario, ¿a quién le corresponde el trabajo de pensar y crear un nuevo modelo de ciudad?
Requerimos nuevos perfiles: ingenieros de humanidad y arquitectos de ciudadanía, que nos ayuden a transformar la utopía en múltiples proyectos colectivos que promuevan una vida mejor gracias a la innovación, empatía, resiliencia, emprendimiento y economía circular.
La ciudad que construimos hoy es la que nos cuidará mañana.
Hay que pensar en el futuro, y actuar desde hoy.
HACIENDO CIUDAD: Redensificación de la ciudad
por Rodrigo Enrique Martínez Nieto | 17 de Abril de 2023





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