Irene Vallejo
Desde hace algunos años he escuchado un debate al interior de la ciudad
que parece poco sustansioso, por decir lo menos. Por un lado existe una
posición que a toda idea novedosa le asigna un calificativo de desarrollo y
progreso; y por otro, nos encontramos con aquellos que priorizan la
conservación del patrimonio y atesoran
las tradiciones y memoria histórica, son etiquetados conservadores y enemigos
del desarrollo de la ciudad.
Para abonar al debate, es decir, Hacer Ciudad, me atrevo a profundizar un poco acerca de los paradigmas de desarrollo:
Crecimiento o Desarrollo
Precisamente el concepto de desarrollo es uno de los conceptos más utilizados al momento de hablar de política, cuyo fundamento se encuentra en los principios de la Teoría Económica.
La economía es una ciencia que parte de un problema de escasez, por lo que en sus orígenes la eficacia y la
eficiencia de los recursos que son escasos era el objetivo de todos los agentes
que tomaban elecciones a través de una lógica de racionalidad.
Ante las necesidades y deseos ilimitados de un individuo o una sociedad,
el principio de racionalidad económica indica que la única manera de satisfacer
esta demanda es a través de la ampliación de los recursos que son por
definición escasos. Esto es, para resolver el problema económico de la escasez,
se necesita el crecimiento económico. Entre más bienes se produzcan más
posibilidades hay de distribuirlos de manera equitativa para la satisfacción de
esas necesidades. En otras palabras, entre más ingreso tenga una persona,
tendrá más acceso al consumo de bienes y servicios por lo que será un individuo
más feliz.
Este paradigma, que pertenece al siglo pasado de la economía clásica, ha quedado ampliamente superado.
¿Hasta dónde es posible crecer sin comprometer el futuro de las siguientes generaciones?.
Me viene a la mente una expresión del teólogo Leonardo Boff: “un planeta limitado, no soporta un proyecto
ilimitado”
Mientras que el crecimiento tiene que ver con la abundancia de satisfactores, el desarrollo se basa en un paradigma relacionado con el bienestar.
El concepto de desarrollo se basa en la construcción de condiciones que permitan no solo generar más riqueza sino, más importante, una menor desigualdad económica, una mayor esperanza de vida, una sociedad más educada con acceso al conocimiento y la acumulacion de capital cultural, empleos dignos, inclusión social y el cuidado del medio ambiente, entre otras variables.
Habiendo estudiado un Doctorado en Desarrollo Humano, no puedo dejar de mencionar a uno de mis mayores referentes en el estado del arte, Amartya Sen, creador del Índice de Desarrollo Humano en la década de los 90’s.
Para Sen, el desarrollo tiene una orientación más humanista porque se
basa en cómo viven las personas y sus oportunidades. Pone el enfásis en valorar
la libertad del ser humano para crecer en todas sus dimensiones tanto como
ciudadano como en su calidad de vida.
Se trata de un proceso integrado de todas las opciones que tiene un
sujeto para gozar de las oportunidades y vivir de acuerdo a sus propios valores
y principios. Las cuales por supuesto incluyen el apartado de un mayor ingreso
económico, pero también la posibilidad de vivir en una democracia, crecer a
través de la cultura y educación, acceso a una buena alimentación, un entorno
seguro y confiable para convivir, gozar de salud, etc.
Por tanto, un estado que promueve el bienestar se basa en este modelo de desarrollo para construir un proyecto político y social, que diseña el sistema de instituciones, políticas y programas encaminados a mejorar las condiciones de vida para su población.
Si añadimos el adjetivo de “sostenibilidad”, entonces adicionamos la condición de proteger, cuidar y respetar la Casa Común, además de asegurar que sea incluyente con todos Desde aquí se entienden los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la ONU (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/)
Hacia una ciudad próspera
El modelo de prosperidad es el más actual de los paradigmas, ya que integra el concepto del desarrollo humano y el estado de bienestar con el desarrollo urbano sostenible.
Se trata de una propuesta holística e integradora que permite repensar una ciudad donde sea posible satisfacer las necesidades básicas, encontrar diversidad, felicidad, salud y realizar los sueños más privados y también aquellos comunes.
Ciudades donde
los negocios puedan prosperar, las instituciones desarrollarse, las familias
crecer y los espacios físicos convertirse en integrados y diversos.
Una ciudad que
combina datos e información, con buenas prácticas, planes de acción y
estrategias de planeación que impregnan de dinamismo el espacio llevando
calidad de vida y bienestar a través de un proyecto compartido.
El desarrollo urbano sostenible se define por la Nueva Agenda Urbana (2017), que incorpora el ideal de una ciudad para todos, refiriéndose a la igualdad en el uso y disfrute de la ciudad; la colaboración cívica, las expresiones culturales y la participación política; la igualdad de género y políticas urbanas inclusivas y eficaces.
Esto conlleva
el compromiso de aprovechar de forma sostenible el patrimonio natural y
cultural, tanto tangible como intangible, que salvaguarde y promueva las
infraestructuras y sitios culturales, que asume las tradiciones como raíces
profundas, no como una losa que aplasta sino como una plataforma sólida que
permite visualizar nuevos horizontes.
Por tanto, desde el modelo de una ciudad próspera, la dicotomía entre desarrollo y conservación de las tradiciones y patrimonio, simplemente no tiene razón de ser.
Desde este enfoque, pensar en el futuro de la ciudad conlleva siempre el reconocimiento a la identidad del espacio y la amplia gama de valores socio-culturales que se transfieren de una generación a otra. Valores históricos, estéticos, éticos, espirituales, simbólicos y sociales, también forman parte del Bien Vivir y del Bien Estar, no solo el valor económico.
En palabras de Mario Benedetti, si la cotidianidad le parece pobre, no la culpe. Cúlpese a sí mismo de no ser lo suficientemente poeta para encontrar sus riquezas.
El reto para Guanajuato Capital es, por tanto, encontrar los equilibrios entre todas las fuerzas que coexisten dentro de su territorio, a través de un sistema complejo que reconozca e integre la diversidad y las distintas maneras de coexistir.
No se trata de
elegir una postura, sino de ser flexible para incluir las visiones de los
residentes y usuarios de las zonas de patrimonio, las instituciones
responsables de su conservación y modelar la visión a futuro para utilizar el
patrimonio como componente integrado al desarrollo sostenible y a la creación
de una ciudad próspera.
Hay que ser un conservador de todo lo que haya que conservar y un innovador en todo lo que haya que innovar, diría el profesor Edgar Morin.
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