“No existe algo parecido a una elección perfecta al momento de ejecutar una política pública. Pero si se realiza desde cualidades como coraje, consistencia y compasión, es muy probable que vaya en la dirección indicada.
También es importante tener la humilidad para cambiar
el curso cuando es necesario”
Christine Lagarde, Presidenta del Banco Central
Europeo.
En tiempos de la posmodernidad, la Sociedad de la Decepción (2008), cómo
le llama el sociólogo Gilles Lipovetsky, prosperan sentimientos como el
desasosiego, el desengaño, la decepción y la angustia, ya que las expectativas
de progreso y justicia social han quedado lejos de los resultados obtenidos por
los proyectos políticos vigentes.
Esta aproximación sería una manera de entender como los índices de aprobación de las instituciones representativas de una democracia como la mexicana, se encuentran siempre en los más bajos niveles.
En un entorno donde el 88 % de las personas desconfía de los partidos, el 79% del Congreso y el 76 % del Gobierno en turno, construir confianza debería de ser la estrategia principal si partimos del axioma de que la política es “el arte de lo posible”.
La confianza ciudadana y el accountabilty, entendido como la responsabilidad, transparencia y rendición de cuentas, son los pilares de la democracia del siglo XXI. Estos elementos son los fundamentos que sostienen la creación de una cultura ciudadana, la acumulación de capital social y generación de una democracia participativa.
La confianza es el mecanismo que permite, en los sistemas sociales, disminuir la complejidad de a las decisiones que los integrantes de una comunidad tomamos día con día, a pesar de los riesgos.
Mientras que accountability, implica la obligación de los funcionarios públicos de informar sobre las decisiones que se planean tomar y explicar y justificar por qué deciden de la manera como lo hacen. No es lo mismo que informar y difundir lo que se está haciendo a través de redes sociales o boletines, sino con procesos de deliberación compartidas con la ciudadanía, porque, como refiere Fernando Savater, la democracia implica inclusive convivir con gente, actitudes, prácticas y acciones que no nos gustan, al igual que la libertad es aprender a convivir con lo que no nos gusta.
Para nuestra Capital, es obvio que existe una brecha que se ha generado entre un sector de la ciudadanía y algunos de los proyectos más importantes que se han planteado desde la Administración Municipal.
Gran parte de la falla, a juicio de quien escribe, es que se ha dado por
hecho que los resultados electorales son suficiente base para implementar la
agenda política y se han dejado de lado las estrategias de participación
ciudadana que facilitarían la apropiación de las ideas y su posterior
ejecución, con lo que también se pierde la posibilidad de construir comunidad y
empoderar al ciudadano.
En lugar de desacreditar al interlocutor y desligitimar las distintas posturas, se requieren nuevas formas, nuevas metodologías de socialización de proyectos y participación ciudadana.
Para cada problema, cada dilema, cada encrucijada, parece que solo
existe una solución y esto pasa cuando se parte de un marco determinado.
Ampliando la visión, creando un nuevo conjunto de hipótesis, generando
información de calidad, los problemas se matizan y comienzan a surgir ideas
creativas y soluciones humanistas.
Actualmente, se están llevando a cabo las mesas de trabajo con grupos ciudadanos para el diagnóstico y caracterización para la elaboración del Plan Municipal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Ecológico Territorial (PMDUOET) a través de una metodología de feedback loop o bucle de retroalimentación, que se basa en presentar la información a un público, recuperar sus puntos de vista (retroalimentación), e incorporarlos al proyecto como una nueva entrada de datos que se usa para mejorarlo.
Esperamos que, con la experiencia de la administración anterior, donde
no fue aprobado uno de los instrumentos de planificación más importantes para
cualquier ciudad, junto con el de movilidad urbana sustentable; en esta ocasión
sea una experiencia bien llevada, con amplia participación ciudadana para entre
todos definir el tipo de ciudad que queremos.
Otro ejemplo es el proyecto para la creación de un reglamento de prestación de servicios turísticos, que ha seguido una metodología de mesas de trabajo con cada uno de los sectores para realizar el diagnóstico e incluir sus necesidades: restauranteros, hoteleros, guías de turistas, organizadores de eventos deportivos, wedding planners, transportistas, etc.
En lo personal, comparto la postura del economista ingles Mark Blyth que señala que el mejor antídoto para combatir el populismo barato es involucrar a las personas como ciudadanos, revitalizar la democracia y redistribuirla. No es solo una cuestión de dinero, es también una cuestión de reconocimiento e identidad.Regresando con Savater, no se nace ciudadano, ser un ciudadano se aprende. Siendo Guanajuato una Ciudad Educadora, es ahora también una obligación moral que utilicemos cada oportunidad para contribuir a la formación de ciudadanos ya que “no dejar a nadie atrás” implica también contribuir a la acumulación de capital moral, social y político.
Si todos tenemos derecho a la ciudad, debe existir también la consciencia de que implica atender nuestras obligaciones como ciudadanos.
No se trata solo de salir a votar, plantear demandas, esperar que el
empleado municipal las realice, y después reclamar porque no ocurrió como se
esperaba. La responsabilidad de hacer ciudadanía, del derecho a la ciudad, es
principalmente del habitante.
Por eso hablo de un nuevo modelo de Ciudad, un nuevo pacto político donde los retos públicos se adoptan entre todos y generamos un discurso que proporcione la legitimidad y coherencia que requiere Guanajuato como un proyecto a futuro.
En una conferencia que escuché de Gustavo Zerbino, uno de los supervivientes del accidente en los Andes de 1972, menciona que la estrategia que tuvieron que crear en las peores condiciones posibles fue la que llamaron “la sociedad de la nieve” en la que el lema era “prohibido quejarse”. Para él, cuando el yo se convierte en nosotros, el ser humano es invencible.
HACIENDO CIUDAD | Confianza y Accountability
por Rodrigo Enrique Martínez Nieto | 21 de Junio de 2022
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