Hace unas semanas ocurrió un incidente en una escuela de la capital donde 15 estudiantes de entre 10 y 11 años resultaron intoxicados por consumir un medicamento llamado clonazepam.
Lo que más llamó la atención de este caso fue que no se trató de un accidente, sino de un reto viralizado en Tik Tok llamado “el que se duerma al último gana”.
Además, este no fue el único caso que ocurrió.Según datos oficiales de la Secretaría de Salud, se tienen registro de 45 casos en 18 estados distintos por participar de este reto en particular.
Es decir, estamos ante fenómenos sociales que de algunos años a la fecha se han presentado y que lo novedoso es que actualmente ocurren en una plataforma donde hay poca vigilancia como Tik Tok. Lo que nos obliga a repensar en la necesidad de construir un nuevo convenio social para poder brindar un entorno más seguro pensando en la educación y crianza de las nuevas generaciones.
Algunos de los retos más populares en Tik Tok
Actualmente circulan retos virales en redes sociales como el “black out challenge”, donde las personas graban como limitan su respiración, ya sea con un cinturón o con las propias manos alrededor del cuello.
Está el “rompecráneos challenge” en donde tres personas saltan a la vez, pero las dos en los extremos lanzan una patada al que está en el centro haciéndolo que pierda el equilibrio.
El “rompebocas challenge”, donde una persona se acerca a la otra por la espalda y le envuelve los tobillos con una bufanda u otra prenda de ropa y tira para que caiga de frente.
El reto de “48 horas”, que consiste en desaparecer durante 48 horas sin avisar a nadie, ni familia ni conocidos y sin dejar forma de comunicarse, con el objetivo de crear alarma inmediatamente.
Si el entorno del joven pone mensajes de búsqueda en redes sociales, se consigue un número de puntos, si inician una búsqueda física un número mayor de puntos, y si aparece en redes sociales una alerta de desaparecido, aún más puntos.
Y por supuesto el ya mencionado “el que se duerma al último gana”, que les pide a los participantes tomar un medicamento tranquilizante (clonazepam), que produce somnolencia.
Todo con la intención de grabarlo, subirlos a redes sociales y participar de la tendencia para ganar más seguidores y likes según sea el caso.
¿Qué les toca a los padres de familia?
Se esperaría que los padres de familia sean lo más involucrados e interesados en construir un marco de seguridad donde se establezcan los límites adecuados que permitan acompañar a los hij@s en el uso seguro, responsable y de valor de la tecnología con la que cuentan.
· Evitar pensar que los retos en redes sociales son algo ajeno a su familia.
· Configurar el sistema de control parental
· Revisar lo que consumen en redes sociales: ¿a quiénes siguen?, ¿por qué les llaman la atención esos “influencers”? Así se pueden dar una idea de lo que admiran y lo que tienen posibilidad de imitar.
· Siempre deben conocer las contraseñas de acceso. Recordarles a los jóvenes que tanto el dispositivo como el servicio de datos, es pagado por los padres así que es su derecho si quieren usarlos.
· Establecer horarios para el uso de dispositivo y no permitir que se conecten a cualquier hora, especialmente en su habitación sin supervisión.
· En caso de que noten que incurre en una conducta de riesgo en redes, no basta con castigar el dispositivo. Es necesario indagar en las razones más profundas: por qué lo hizo, que pensaba, ¿qué buscaba?
Las instituciones educativas, además del hogar, son los espacios más propensos a experimentar este tipo de situaciones debido a que se trata del primer ejercicio en sociedad de los menores.
Las escuelas requieren comenzar a introducir una vocación educadora más allá del curriculum duro y participar para formar en nuevo conocimiento como el alfabetismo digital, ciberseguridad, identidad digital, reglamentos para el uso del celular dentro del espacio escolar, atención socio emocional y escuelas para padres de la comunidad escolar.
¿Qué le toca a la Ciudad?
Atendiendo el modelo de la Ciudad Cuidadora, la primera condición es ser una ciudad que escuche. Lo que implica reconocer a las personas de distintas edades y estados, diferentes motricidades y estados de conciencia.
Una ciudad que cuida ofrece a este grupo de menores de edad y adolescentes, actividades para disfrutar la etapa de su vida especialmente en los espacios públicos. A través de este tipo de políticas públicas se facilitan las relaciones humanas y la pertenencia a grupos sociales, uno de los factores que más incide en la psique de los jóvenes, y que, al estar cada vez más limitados para hacerlo en el espacio público, terminan buscando esos incentivos en el ciberespacio, haciéndolos más vulnerables a caer en alguna de estas trampas.
Ofrecer actividades extras que los tengan ocupados, entre más activos y menos aburridos están los adolescentes menos contacto y necesidad tiene de estar en el teléfono y redes sociales. Ofrecerles actividades que sean de su interés para que se conecten fácilmente y se entusiasmen.
También, pensando como una Ciudad Educadora, es necesario realizar campañas para incentivar el nivel de formación cívica, compromiso y corresponsabilidad que disponemos como comunidad para enfrentarnos a los retos que se nos van presentando para que las respuestas surjan de la propia comunidad.
La vida es un aprendizaje continuo, aprendemos a conocer un mundo que está en constante cambio al participar y convivir. Por lo que debemos generar estrategias para cuidar a nuestra propia gente querida, definiendo nuevos valores para un hogar común más consciente, incluyente y sostenible.
“Internet es como una ciudad enorme, con barrios inmensos, amorfos, en la cual puedes estar cambiando constantemente. Este vértigo te abre un gran abanico de posibilidades, pero también tiene muchos más riesgos… antes tenías pocas identidades, pero seguras, ahora tienes muchos más, pero también son más precarias y muy vulnerables.”
Nadie puede saber cuál será el siguiente reto, lo que sí podemos hacer es tomarnos en serio lo que está sucediendo con nuestras niñas, niños y adolescentes. El nivel de riesgo al que están expuestos se ha multiplicado y es de fácil acceso, así que vale la pena detenerse a pensar si como sociedad estamos atendiendo un problema tan delicado como el que está pasando frente a nosotros.
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HACIENDO CIUDAD: Una ciudad que cuida, el riesgo de los retos virales en internet
por Rodrigo Enrique Martínez Nieto | 27 de Febrero de 2023

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