La ciudad es un ente vivo, dinámico, siempre en construcción. Desde cambios demográficos hasta transformaciones socio–culturales de lo que las personas consideran valioso.
Por tanto, los problemas y necesidades no son siempre los mismos. Tampoco las expectativas de una población que se mueve de manera consciente o inconsciente en la búsqueda de satisfactores que les permitan adaptarse a la vida moderna. Es decir, lo que funcionó e hizo sentido en un momento, no implica que funcionará para siempre.
Se necesita reflexionar, repensar y rediseñar la ciudad de manera constante para tratar de transformarla de acuerdo al futuro que como colectividad se desea alcanzar.
Ciudades que se leen
Para comprender una ciudad hay que observar a sus ciudadanos.
Para Gehl esto significa sentarse en la calle, la acera, la plaza o el parque y mirar a las personas, desde sus encuentros e intercambios hasta las actividades más ruidosas y agitadas.
No se puede hablar de una ciudad centrada en las personas, si no se considera la correlación que existe entre la dinámica social y el entorno: emociones, experiencias, sensaciones, intereses, comportamientos y su interacción con el contexto ambiental.
En la metodología de Ciudades para la Gente, los espacios públicos son el escenario idóneo para obtener un conocimiento profundo de los movimientos sociales.
Para ello hay que actuar con inteligencia urbana: documentar, generar datos, realizar diagnósticos compartidos con vecinos. Lo que es necesario para recuperar el rol central de las personas en la planeación y diseño del modelo de ciudad.
El conocimiento es clave, dice el autor, para tomar decisiones y negociar.
La modernidad, como paradigma, ha privilegiado por décadas el crecimiento económico y la creación de infraestructura como símbolo de progreso.

Aquí la tesis es donde se vuelve realmente disruptiva.
Lo que Gehl propone es la concentración de la ciudad, donde los trayectos largos sean la excepción y los espacios públicos se conviertan en el eje estratégico del desarrollo de las Ciudades para la Gente.
Una ciudad compacta mejora a través de calles, parques, espacios públicos, cuidadosamente diseñados para hacerlos más caminables y agradables; tanto para aquellos que viven, trabajan y juegan en ella, como para los que son visitantes temporales.
Adicionalmente, una ciudad diseñada con zonas de alta densidad de vida urbana, cuenta con mayor seguridad, no porque haya más policías por número de habitantes, sino porque hay actividad casi todo el tiempo.
¿Para quién es la ciudad?
Jahn Gehl propone revisar el paradigma de desarrollo para priorizar la dimensión humana que se ha visto descuidada, ignorada y hasta eliminada de los planes de desarrollo.
La idea central es recuperar las ciudades para las personas y empoderar a la sociedad sobre lo urbano.
Pero ello supone también sociedades maduras que no se dejen deslumbrar por lo que más brilla, por la rapidez o por la novedad, sino que se comprometen por un proyecto colectivo que invita a la gente a vivir la transformación y modificar los estilos de vida cotidianos para generar una realidad más disfrutable.
Esto se traduce en intervenir las ciudades para hacerlas equilibradas y humanizar la urbanización para dejar de vivir juntos pero aislados.
La ciudad, desde esta aproximación, es también el intercambio, diálogo y cuidado que necesitamos para vivir con mejores niveles de satisfacción y prosperidad.
Por lo que la mejor política social es mejorar la ciudad, ya que permite reorientar las prioridades y atender también las necesidades de la comunidad no solo las de cada individuo en lo particular.
Transformar la ciudad para que ésta nos transforme, requiere un compromiso genuino y profundo con crear el futuro donde nos gustaría vivir.
Ciudades para la Gente ofrece esta orientación que ha sido adoptada por muchas ciudades en todo el mundo.
#HaciendoCiudad
#CiudadesParaLaGente






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