Cuando se trata de ciudades, la diversidad es tan grande que es imposible encontrar un proyecto con las mismas características urbanas para simplemente adoptarlo.
Precisamente, por eso es que las respuestas y soluciones tienen que surgir de sus mismos habitantes, que son los que mejor comprenden las dinámicas de la vida a través de su interacción con el entorno.
La mirada local permite identificar las necesidades y redescubrir los espacios de manera consciente, reflexiva y empática. Pero como se trata de un proyecto común, es importante buscar canales de comunicación y colaboración para generar el conocimiento suficiente y que éste sea incluyente con las múltiples perspectivas de sus habitantes.
Jane Jacobs (1961), referente obligado para analizar la vida en las ciudades modernas, señalaba que una buena ciudad es un espacio complejo donde se conjuntan factores sociales, económicos, físicos y de diseño. Para esta gran científica urbana, la clave para conformar una buena ciudad se encuentra en recuperar la vitalidad de las calles como espacios de encuentro, de juego y de intercambio.
Si nos movemos al Objetivo 11 de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 (ONU), una buena ciudad debe ser inclusiva, segura, resiliente y sostenible.
Y para lograrlo, tiene que existir una planificación adecuada, además de priorizar a las personas y minimizar el impacto ambiental del crecimiento. Por último, para redondear lo anterior, se requiere un ambiente de gobernabilidad que fortalezca el sentido de comunidad y la regeneración del tejido urbano.
¿Cómo concebimos entonces que una ciudad sea una buena ciudad?
Jacobs propone volver la mirada a lo micro, a los hábitos cotidianos de los ciudadanos. Lo que en conjunto valoramos y entendemos como “calidad de vida”. Cuando la ciudad no está diseñada para la gente, la calidad de su vida lo resiente y el ambiente se vuelve hostil, lo que puede observarse a través de un fenómeno de desinterés e indiferencia por lo público.
En Copenhague, por ejemplo, cada 10 años realizan una auditoría de la vida en la ciudad. Entre otras cosas evalúan el costo de vida, los cambios en el clima, la calidad de las escuelas, las tasas de criminalidad, los incrementos en los costos y tiempos promedios de traslados, la solidez del mercado laboral local, el incremento en la calidad de los espacios públicos y finalmente realizan encuestas de satisfacción a los residentes.
Así que una buena ciudad, en general, es aquella que se convierte en un buen lugar para vivir y convivir, más segura y caminable, con un aire más limpio y menos ruido, un lugar atractivo para emprender nuevas actividades que motiva a los habitantes a querer ser parte de su vida urbana.
Desde mi perspectiva preguntarnos cómo podemos hacer de Guanajuato una buena ciudad debería ser la pregunta detonante para involucrarnos en transformar nuestro entorno porque éste impacta en nuestra salud física y mental, influye en las oportunidades laborales y condiciona la movilidad y nuestra posibilidad de una vida plena.
Se necesita una visión compartida de cómo queremos vivir, porque si no hay un modelo de ciudad, no hay proyecto en común.
Recuperar la ciudad no es una tarea que se pueda delegar, es trabajo de todos los que vivimos en ella. Cuando hay una ciudad con la capacidad para conversar lo público, es una buena ciudad.
Pensar la ciudad y su desarrollo bajo esta filosofía, requiere poner a las personas en el centro del diseño y analizar los problemas de la comunidad para imaginar cómo hacer la ciudad más vivible.
En Guanajuato es por todos conocido que existe un gran capital humano con las competencias ideales para crear y actuar sobre la ciudad. Lo que nos hace falta es construir esa red abierta al diálogo constructivo y flexibilizar los modelos mentales que permitan que la ciudad se convierta en una plataforma de experimentación social permanente y sentirnos cómodos con esa posibilidad.
No podemos resignarnos a disfrutar de la vida solamente en lo privado o construir relaciones sociales solo en el mundo virtual a través de un dispositivo.
De acuerdo al World Happines Report (https://worldhappiness.report), lo que hace más felices a los habitantes de una urbe es la comparación subjetiva respecto a cómo viven, lo que cada localidad percibe como más importante para ellos.
¿Cómo nos iría si hicieramos esta valoración en nuestro Cuévano?
HACIENDO CIUDAD: Una buena ciudad
por Rodrigo Enrique Martínez Nieto | 12 de septiembre de 2022





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