En el más reciente episodio de la versión en podcast de #HaciendoCiudad que recién hemos grabado y que está próximo a publicarse, hablaba con Roberto Beltrán Zavala, acerca de la importancia de crear una cultura basada en el nuevo paradigma de ciudadanía que refiere aquello de que “todos somos responsables de todo”.
Esto no significa el abandono de la responsabilidad de la autoridad, sino una propuesta a la necesidad de construir una nueva ética de ciudadanía activa, que supone que no solo somos espectadores, sino protagonistas del espacio social. Es decir, no se reduce a ser un mero “reclamador de derechos”, un concepto que se queda muy corto ya para atender la compleja realidad que experimentamos todos los días.
La ciudadanía activa implica una transformación radical en el discurso de lo que significa ser integrante de una sociedad. No se trata solo de un cambio en el lenguaje, sino de estimular un debate que promueve el equilibrio entre los deberes y las obligaciones; que pone mayor relevancia en la aportación y participación que los ciudadanos pueden hacer desde los distintos ámbitos en los que se desenvuelven.
Actualmente, como participantes de una cuarta revolución industrial y un cambio de época en la humanidad, sería importante realizar primero un ejercicio autocrítico hacia cuestiones morales específicas:
Actualmente, como participantes de una cuarta revolución industrial y un cambio de época en la humanidad, sería importante realizar primero un ejercicio autocrítico hacia cuestiones morales específicas:
“Las dos ultimas décadas del siglo XX han sido identificadas como la tercera ola de la ciudadanía, al haber abierto un nuevo debate entre la Nueva Derecha y el Centro Izquierda acerca de la naturaleza de la ciudadanía y acerca de los derechos y obligaciones de los ciudadanos (...) La tercera ola de la ciudadanía fue provocada por el ataque ideológico contra la concepción socialdemócrata de la postguerra acerca de los derechos sociales que siguió al ‘takeover’ neoliberal / conservador del gobierno por Mrs. Thatcher en 1979 (...) Los desarrollos políticos durante estas dos últimas décadas han atacado la ‘política de derechos sin deberes’, pero al mismo tiempo han abierto un nuevo debate entre los activistas y académicos de izquierda sobre los derechos y obligaciones de los ciudadanos y acerca de la naturaleza de género de los derechos de ciudadanía” (Siim 2000: 83).

Estoy seguro que este ejercicio que pasa por arriesgarse a buscar una solución que obliga el compromiso personal antes que a solo despotricar, no es fácil. Exige una una nueva lógica: encontrar y hacer conexiones aparentemente sin relación o relevancia, pero que definitivamente ayudan a romper con los patrones preconcebidos. Se trata de emprender nuevas formas de educar y ser consistentes en la búsqueda de la mejor vida posible.Así que para mirar con una perspectiva diferente que pone el foco en nuestras acciones posibles, comparto una tesis de la Dra. Rita Monfort Salvador que propone un Indicador de Civilidad.
Contaminación acústica
El ruido también contamina y afecta a la salud de los ciudadanos, cuanto más civilizados son los habitantes de una ciudad y menos ruido innecesario produzcan más felices somos todos.
Accesibilidad
Si hay una barrera arquitectónica seguirá estando y creando dificultades a pesar de que los ciudadanos sean muy cívicos y educados. Sin embargo, el hecho de que estos ciudadanos estén dispuestos a ayudar al que lo necesita para superar esta barrera y que este hecho sea algo habitual, hace que la percepción de ese espacio como un “espacio inaccesible” disminuya, por lo que será más concurrido y utilizado.
Seguridad Vial
No saltarse el semáforo, respetar los pasos peatonales o no estacionarse en los lugares para discapacitados, son claros ejemplos del comportamiento implícito que incorporan la civilidad y que deberían darse en cualquier ciudad mínimamente educada. Es obvio que este comportamiento ayudaría a aumentar la seguridad vial, pero también a que la gente viviese menos estresada a la hora de salir a pasear por su ciudad. Y esta seguridad vial no sólo afecta a los vehículos de motor, también a los vínculos peatón-ciclista y ciclista-vehículos a motor.
Transporte Público
Decir que la actitud de la gente puede fomentar el uso del transporte público parece una sandez. El hecho de que las personas sean mínimamente educadas y respetuosas, puede hacer que una persona tome siempre el transporte público. Así también, el hecho de que las personas sean groseras y maleducadas, pueden hacer orillar a que el otro elija su propio medio de transporte (por ejemplo el coche).
Entornos más agradables
Ser civilizado con el entorno no significa exclusivamente no ser vandálico y mantener el mobiliario urbano en su sitio, también es ser respetuoso con el espacio en el que se encuentra cada uno, haciendo algo tan básico como no ensuciarlo. Esto favorece a que el entorno se conciba como más agradable, y además reduces los costos de mantenimiento.
En la capital tenemos una problemática con la sustracción de placas, bustos, y en general elementos históricos y estéticos en los espacios públicos, que son robados para obtener algún beneficio económico en perjuicio de todos.
Satisfacción
Como último elemento, y probablemente el más importante, es posible vivir en la ciudad con menos estrés porque muchas veces éste es provocado por el comportamiento de otros ciudadanos.
Si se utilizan los espacios públicos urbanos con una mejor actitud de acuerdo a las normas de educación social y de respeto, se tienen experiencias más gratas y podemos llegar a ser más felices de compartir el espacio público.
Como se advierte, sí existe un camino alternativo para pensar y vivir diferente. En la medida que estos agentes de cambio se multipliquen provocarán que la agenda ciudadana se convierta en el proyecto político de cualquier partido que aspire a gobernar, porque sería la única alternativa posible.
En palabras de Fernando Savater: “el político tiene el poder que le damos los ciudadanos, y sólo durante el tiempo que acordamos dárselo”. Por lo que la ciudadanía activa es el instrumento para luchar por las ideas que nos gustan y una nueva forma de presentar oposición a las que no convencen.
“Ser un ciudadano es participar en las practicas públicas que sustentan y en buena medida definen una comunidad” (Active citizenship revisited, 1991). Supone tener el valor de ser auténtico, de dejar de ser solo un consumidor de servicios para asumir la “tercera vía” (Giddens, 1999), que trasciende tanto la socialdemocracia como la teoría neoliberalista.
Así, más allá de la izquierda o la derecha, de los fífis y chairos, atendamos entre todos una “política de vida” que busque construir alianzas entre todos los actores sociales y tomar conciencia de los problemas comunes que nos afectan.
Está práctica implica influir, inspirar y modelar a través de las conductas, de la búsqueda de una utliidad social y no solo ecónomica, de la participación de manera plural, competente y corresponsable.
En síntesis, necesitamos más personas con determinación e iniciativa que busquen generar un cambio en beneficio de su comunidad, en el entendido de que el desarrollo colectivo beneficia a sus miembros. Ciudadanos dispuestos a pagar su hipoteca social, que asuman que las ciudades las construyen sus habitantes en un proyecto que requiere de todos.
Poder ciudadano es humanizar la ciudad, por lo que debemos pensar en cómo actuar para agregarle valor y abandonar la mentalidad de que la responsabilidad de lo público es de los funcionarios municipales porque “para eso uno paga impuestos”.
La ciudadanía activa no es solo un paso evolutivo, sino revolucionario. Desde esta nueva mirada, la ciudadanía se convierte en una forma de vida.












No hay comentarios.:
Publicar un comentario