“El espacio público define la calidad de la
ciudad, porque indica la calidad de vida de la
gente y la calidad de la ciudadanía de sus
habitantes”
Jordi Borja
Jane Jacobs, en su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades” (1961),
plantea una tesis que se ha convertido en la tendencia más importante para el
diseño urbano: la humanización de la ciudad.
En este libro asegura que la calidad de vida no depende de la gestión de los placeres individuales, aislarse del mundo en clusters privados, rodeados de casetas, alarmas y muros cada vez más altos, que implican sacrificar la libertad por una sensación de seguridad que recluye y aleja del otro. Por el contrario, dice, es regresar la mirada al espacio público y convertirlo en el corazón de la vida moderna: su diseño, su uso, su gestión y pensar en nuevas funciones. Repensar las calles, plazas, parques y deportivas, el arbolado y el paisaje urbano; todo aquello que permita humanizar el espacio público y experimentar el encuentro, el intercambio y la diferencia.
Si además atendemos a los principios del Derecho a la Ciudad, es necesario incluir estos espacios públicos de calidad dentro de la agenda pública, ya que constituye un derecho de las personas disfrutar el espacio que habitan
La calidad de los ambientes y paisajes públicos influye de manera directa en mejorar el nivel de vida, ya que generan beneficios objetivos, como el aumento del valor de las propiedades próximas o la disminución de los índices de violencia e inseguridad; así como también beneficios subjetivos como la percepción de confort, el aprecio y el cuidado de lo común, la educación ambiental, la pertenencia a un lugar y la convivencia entre los habitantes.
En otras palabras, entornos estéticos diseñados pensando en el
ciudadano mejoran la experiencia de vida de las personas.
Esto requiere intervenir, rehabilitar y construir desde una nueva perspectiva, la arquitectura social. Lo que significa ponerse en el lugar del usuario y pensar si se está construyendo para generar estos entornos atractivos, dinámicos y vibrantes para las personas que los usan.
Lo anterior, exige nuevas formas de dialogar con la comunidad con la
intención de aprender, ajustar, revisar y proyectar, buscando cambios no
solamente en lo físico sino en lo profundo de la estructura social. Y de esta manera
las intervenciones se vuelven participativas y colaborativas, donde los
propios vecinos se involucran con trabajo e inclusive recursos, logrando con
ello una ciudad más humanista y empatica.
A diferencia del Parque La Mexicana, el Parque Tonucci es un espacio público
rehabilitado, enfocado en las percepciones sensoriales y emocionales de los
niños y niñas de ese Municipio. Los pequeños indicaron en qué zonas del parque
sentían alegría, tristeza, enojo o miedo y expusieron propuestas para mejorarlo
aplicando una metodología SALGA (Seguro, Atractivo, Limpio, Gratuito y
Accesible).
Una extraordinaria muestra de que pensar en los niños siempre mejora
las ciudades.
Reconocido como uno de los “parques más interesantes del mundo” por World Urban Park en 2018. Se trata de un área natural protegida, intervenida como espacio de recreación y educación que gira en torno a la Presa del Palote, sede en los últimos años del Festival del Globo, y uno de los espacios más concurridos de León, que demuestra que un proyecto con este enfoque social, si es bien administrado, puede ser autosustentable.
Desde esta lógica propuse en la pasada Sesión de Ayuntamiento disminuir la tarifa de uso del Auditorio Deportivo de la Yerbabuena, también conocido como La Colmena.
El alto costo de la tarifa actual excluye a la gran mayoría de la población local, imposibilitada para arrendar el espacio pagando la cantidad que actualmente se encuentra autorizada.
Con mi propuesta se da prioridad al uso deportivo del Auditorio para los
atletas locales, con una disminución del 85% de beneficio y se convierte en un
espacio al servicio de los Guanajuatenses. En este caso, al auditorio se le
otorga esa característica de accesibilidad y empatía para los usuarios locales
en el espacio deportivo de mayor calidad que existe en la ciudad.
De esta manera se realizaría una contribución a la ciudad desde la
filosofía que he decidido adoptar para mi gestión como servidor público: el
Derecho a la Ciudad.
Hacer ciudad sobre la ciudad requiere que todos estemos dispuestos a pensar no solo en lo individual sino también en lo colectivo; incluir el ejercicio de empatía; y dar prioridad a los espacios públicos como una muy buena estrategia para hacer ciudad.
La vida cambia y nosotros con ella. Es posible redirigir los esfuerzos y renovar la energía para cambiar ese ambiente de polarización, quejas y desencuentros. La arquitectura social puede ser ese instrumento que nos permita generar una realidad más disfrutable y acelerar esas transformaciones a las que todos aspiramos.
Desde luego que es posible reconvertir lo que ya existe. Sí, es posible diseñar lugares más disfrutables para los habitantes de la ciudad y con ello demostrarnos que vale la pena invertir para vivir con calidad.
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