Guanajuato recibió su inscripción a la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad el día 09 de Diciembre de 1988 (http://whc.unesco.org)
Para la UNESCO el patrimonio se define como el legado cultural que recibimos del pasado, vivimos en el presente y que se transmitirá a las generaciones futuras.
Esta definición es importante porque implica reconocer que el patrimonio cultural es frágil y requiere de una permanente revalorización para que los cambios territoriales, económicos, políticos, tecnológicos o culturales, se integren dentro de una estrategia que permita encontrar un equilibrio entre el desarrollo de la ciudad con el cuidado y protección del espíritu de una comunidad y su entorno.
El hecho de que el Programa de Gobierno 21-24 defina en su visión de ciudad que Guanajuato será “el mejor destino cultural de México” (sic), implica múltiples abordajes que valdría la pena discutir para la definición del modelo de ciudad del Guanajuato que deseamos para los próximos años.
De entrada, un primer abordaje surge de la dialéctica entre la vocación y gestión turística como oferta para la generación de economía local y la convivencia con el derecho de la sociedad local para disfrutar de sus espacios de una manera articulada, igualitaria e integradora.
Existen múltiples casos conocidos de ciudades donde la presión excesiva de la actividad turística provocó el deterioro de la calidad de vida para los vecinos, así como el daño irremediable del patrimonio que originalmente se buscaba conservar y promover. Ahí están ejemplos como los de Venecia, Florencia o Sevilla.
En la actualidad, en Guanajuato Capital existen señales cada vez más visibles de un fenómeno conocido como gentrificación, que es el desplazamiento de un grupo social por otros de mayor poder económico. Esto conlleva a toda una restructuración de las dinámicas e interrelaciones comunitarias que se construyeron a lo largo de muchos años.
Si no se tiene cuidado este fenómeno puede provocar desigualdad, polarización y segregación. Lo que representa el riesgo de continuar viviendo juntos pero cada vez más aislados.
Por ejemplo, en el Centro Histórico hemos visto como en los últimos años surgió una tendencia para aprovechar las terrazas y balcones de los inmuebles y reconvertirlos en centros de consumo para antros, bares o eventos privados.
En esta misma zona y extendiéndose hacia el Paseo de la Presa, se observa el creciente interés por los bienes inmuebles, algunos catalogados como históricos por el INAH, que en fechas recientes se han transformado en hoteles de lujo, restaurantes, AirBnb y hasta tiendas de conveniencia.
Generalmente, estos procesos se dan a través del sector privado cuyo principal fin es obtener rentas económicas. Sin embargo, esta lógica racional económica no debe ser el eje único sobre el que se articula una ciudad. Tenemos la oportunidad de revindicar el componente de la dimensión humana del hogar que compartimos.
Guanajuato merece un proyecto urbanístico, socio-cultural y político, a la altura de su historia y sus habitantes. Un proyecto que genere equilibrios entre la diversidad de intereses para que todos los ciudadanos tengan acceso a los beneficios de habitar de una Ciudad Patrimonio. Una visión donde el diseño centrado en la persona, y no el negocio, sea el principal impulsor de la prosperidad y el derecho a la ciudad (ver Premio Pritzker de arquitectura y ambientes urbanos)
En este ejercicio de Haciendo Ciudad, la reflexión se centra en cómo conservar el patrimonio, acrecentarlo y promoverlo, por una parte. Cómo fomentar el aprovechamiento de lo público para que el ciudadano no sea expulsado de su propio espacio por la privatización de la recreación y el ocio, por otra parte. Y también el derecho del visitante para acceder y conocer la belleza material y cultural única que Guanajuato representa para el Mundo.
Lo anterior podría parecer un problema mayúsculo para los ciudadanos interesados en un desarrollo sostenible e incluyente.
Por ello, ésta es la ocasión de intervenir con ideas, propuestas, acciones de emprendimiento e innovación social, para lograr un proyecto ciudadano que atienda los derechos y responsabilidades de una población orgullosa de su identidad histórica, con la fuerza y madurez suficiente para construir una ciudad soñada.
El momento de crisis y reactivación económica no debe llevarnos a repetir los mismos errores que veníamos padeciendo. Es buen momento para recordar que habitar un espacio significa cuidarlo y la ciudad debe ser un proyecto de todos.
Columna Semanal | Haciendo Ciudad
"Cuidar la Ciudad" por Rodrigo Enrique Martínez Nieto
20 de Febrero de 2022
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