domingo, 27 de febrero de 2022

"Derecho a la Movilidad" | Columna 8


Como ciudadanos tenemos derecho de disfrutar de los distintos espacios que nos brinda nuestra localidad, y por ello hay que estar continuamente buscando nuevas formas de igualar las condiciones de acceso y movilidad para cada zona del territorio.

El derecho a la movilidad y accesibilidad constituye unos de los desafíos más importantes de la ciudad moderna.



Conforme una población comienza a expandirse y los actuales procesos territoriales provocan necesidades que antes no se tenían, construir un proyecto de ciudad a futuro implica necesariamente cuestionarse cómo integrar el urbanismo y la ciudadanía desde una lógica de sostenibilidad, como lo señalan todos los organismos internacionales.

Para ello se requiere pensar en crear un modelo de movilidad que abarque como mínimo tres dimensiones: la económica, la social y el medio ambiente.

Solo de esta manera estaríamos en el camino de lograr la meta de construir ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles, como lo indica el objetivo 11 de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, que pone especial énfasis en las necesidades de personas en situación de vulnerabilidad, además de los niños, personas con discapacidad y adultos mayores.

Para lograrlo, la alternativa pasa por un proyecto compartido entre la sociedad, el gobierno y la iniciativa privada, porque se trata de un problema complejo que requiere un enfoque sistémico y políticas públicas con verdadero sentido de innovación.

Es decir, no basta con buenas ideas, sino que el verdadero reto se encuentra en la implementación de una política pública de movilidad donde el interés colectivo esté por encima de los intereses individuales.

Las tendencias mundiales nos señalan una evolución del paradigma tradicional de movilidad, entendido como obra pública para facilitar el tránsito vehicular, hacia una perspectiva más amplia, que asume como prioridad la movilidad humana.  

En otras palabras, enfocarse menos en los medios de transporte y más en optimizar el movimiento de las personas y las mercancías de una manera efectiva, dentro de un entorno seguro y que garantice un equilibrio con el medio ambiente.


Atendiendo a la pirámide de movilidad urbana del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (
http://www.idae.es/), la escala de prioridades debe invertirse, poniendo en primer lugar al peatón, seguido de los ciclistas, el transporte público, la distribución urbana de mercancías, el vehículo compartido y al final, el vehículo particular.

Por tanto, desde el gobierno local, la innovación en el diseño de políticas públicas pasaría por establecer una agenda donde los dos instrumentos de planeación principales: el de Desarrollo Urbano y el de Movilidad Urbana Sostenible, estén sincronizadas e incorporen esta jerarquía de prioridades.

En esta línea de pensamiento, la meta sería que desde tu casa y en un radio de 5 kilómetros, pudieras acceder a la obtención de tus satisfactores sin necesidad de utilizar tu vehículo.

Esto es, que la vida y las actividades cotidianas de cualquier habitante transcurrieran dentro de 15 minutos desde la casa. Lo que implica necesariamente más escuelas, hospitales, áreas verdes, ciclovías, banquetas amplias, transporte público de calidad, mercados, etc.

Esto por el momento parece muy lejano, además de que una planeación de esta magnitud por si sola no resolvería el problema. Afirmo lo anterior porque quiero poner relevancia en la importancia de una nueva cultura ciudadana de transformación de los hábitos y estilos de vida que tenemos como comunidad.

Por ejemplo, en el uso del transporte público, una actitud de respeto y educación mínima que invite  a las personas a que lo utilicen por ser un medio seguro para todos y todas; el respeto por las vías públicas para evitar barreras informales (conos, cubetas, mesas, botes, cadenas, puestos), que impidan el libre acceso y tránsito del resto de personas; un comportamiento de civilidad vial que permita agilizar el tráfico, minimizar la contaminación del aire y del ruido u obstaculizar a los vehículos de emergencia.

SI queremos una ciudad que sea más habitable, debemos construir entre todos un entorno más agradable y estar dispuestos a aceptar nuevas reglas, principios y valores de urbanidad. Necesitamos una ciudadanía crítica, sí; pero también madura y responsable.

Se trata de un camino largo y pesado, pero también interesante y satisfactorio.  Los cambios que valen la pena siempre generan discusión y, hasta el momento, solo a través de la innovación es que podremos transformar el espacio común que habitamos para lograr una ciudad en la que nuestros hijos tengan ganas de seguir viviendo.

Columna Semanal | Haciendo Ciudad 

"Derecho a la Movilidad" por Rodrigo Enrique Martínez Nieto

27 de Febrero de 2022


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