domingo, 6 de febrero de 2022

"Ciudades Educadoras" Columna 5


 
“Para educar bien a una persona, hace falta la tribu entera”, reza conocido proverbio.

Me parece la síntesis más afortunada de todo lo que envuelve el concepto de Ciudades Educadoras.

Esta semana se llevó a cabo una capacitación inicial para los actores de la Administración Municipal interesados en conocer la filosofía que sustenta este proyecto internacional que ha logrado convocar a más de 500 ciudades en el mundo.

El modelo de Ciudad Educadora se basa en una carta que comprende 20 principios que las ciudades se comprometen en adoptar y compartir. Se trata de una nueva visión global de los problemas del mundo, de la búsqueda de soluciones desde lo local, desde lo que sí se puede hacer atendiendo la realidad más próxima.

De entrada, lo que puede parecer la propuesta más interesante: “la educación, dice la Carta, trasciende los muros de la escuela para impregnar toda la ciudad”.

La escuela, desde esta aproximación, es la institución social que busca dotar a los sujetos de un capital cultural, de información y conocimientos, de un espacio para desarrollar sus habilidades y talentos; en realidad se trata del primer modelaje de los seres humanos para aprender a vivir en sociedad. La escuela es el puente entre el hogar y la sociedad, en palabras de José Ingenieros.


Sin embargo, el verdadero objetivo de la educación es darle a un ser humano la posibilidad de florecer a través de los talentos, dones y virtudes que cada uno lleva inscrito, tal como su código genético. Es “sacar afuera lo que llevamos dentro”. No se reduce, como se piensa con frecuencia, a instruir o capacitar para formar actores productivos para la vida económica y social.

Por tanto, la escuela no puede ser la única responsable de semejante tarea, ni es posible delegarle la más noble y trascendente de las actividades humanas. Es una responsabilidad de todos.

De ahí surge la necesidad de trascender el espacio de aulas y escuelas para apropiarse de la ciudad utilizando los espacios públicos como laboratorio para experimentar y construir comunidad que aporte a la formación de una ciudadanía que sepa confrontar y resolver los conflictos.

Una Ciudad Educadora es entonces aquella que define una identidad, que tiene un carisma propio, interdependiente del territorio del que forma parte. Es un espacio donde sus habitantes se relacionan armónicamente con su entorno, están siempre en la búsqueda de respuestas y soluciones para enriquecer y hacer más segura y digna la manera de vivir e interactuar.

Una comunidad que fomenta la reflexión, la capacidad de comprensión que anima la participación corresponsable; que imagina y promueve el desarrollo sin olvidar cuidado y recuperación de su territorio. Se preocupa, principalmente, de cerrar las brechas de desigualdad.

Todo lo anterior, supone un Gobierno que entienda que el desarrollo humano no pasa exclusivamente por hacer crecer la riqueza. Un proyecto de esta envergadura requiere actores políticos y liderazgos ciudadanos maduros que sean capaces de pensar en lo colectivo, en un nuevo contrato social que nos permita transformar la ciudad en un espacio de respeto a la vida y a la diversidad.

Uno de mis más grandes referentes, Paulo Freire, afirma que la educación es siempre un quehacer político, un acto político en sí mismo. Es el acto más subversivo que podemos hacer, porque el primer objetivo de la educación es hacernos conscientes de la realidad de nuestros semejantes (Savater,2010).

Una Ciudad Educadora permitiría que el respeto a la dignidad de las personas se de en todas las esferas de la vida en la ciudad, donde exista un diálogo fino y reflexivo; donde seamos conscientes de que es posible aprender a convivir y donde se generen estímulos para vivir lo mejor posible.

Puede pensarse que se trata de un conjunto de ideas muy bonitas desde un punto de vista filosófico, pero difíciles de concretar en lo cotidiano.

Por supuesto, hay metodologías innovadoras para implementarlo: Aprendizaje basado en Proyectos, Aprendizaje basado en Problemas, Indagación Apreciativa, Design Thinking para la innovación social, Economía Circular, etc.  Por eso es importante prepararse, conocerlo, difundirlo, apropiarse del método y comenzar a probarlo.

La educación es el mejor mecanismo con el que contamos los seres humanos para construir una mejor comunidad, más humana.  Educar en valores es una responsabilidad de toda la sociedad. Para una visión de desarrollo, es la mejor inversión que podemos hacer como ciudad, con la certeza absoluta de que pagará los rendimientos más altos.

¿Qué es una utopía? Creo que sí, pero, parafraseando a Silvio Rodríguez, prefiero hablar de cosas imposibles porque de lo posible se habla demasiado.


Te invito a ver la siguiente cápsula donde platiqué  con Jonathan González, Director General de Educación Municipal de León, sobre la iniciativa para que Guanajuato se una a la Red de Ciudades Educadoras

“La educación, trasciende los muros de la escuela para impregnar toda la ciudad”

Da click aquí para ver la cápsula 



Columna Semanal | Haciendo Ciudad 

"Ciudades Educadoras" por Rodrigo Enrique Martínez Nieto

6 de Febrero de 2022

 

 

 

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario